Día 7
Día 7 de 7 16 de agosto

Caminá por fe aunque el desierto no tenga mapa

Esta semana estuvimos con Abraham y con Pablo. Dos hombres de siglos distintos, culturas distintas, problemas distintos. Uno esperó 25 años un hijo. El otro pidió tres veces que le sacaran un aguijón y Dios le dijo que no. Los dos siguieron. Los dos llegaron. Y los dos llegaron no porque las circunstancias se ordenaron, sino porque eligieron no quedarse dentro de la carpa.

Hay una imagen de Génesis 15 que no me puedo sacar de la cabeza. Abraham está en su tienda, desanimado, con años encima y la promesa todavía sin cumplirse. Y Dios no le manda un ángel con un cronograma. No le manda una señal espectacular. Lo saca afuera. Literal. Le dice: salí. Mirá el cielo. Contá las estrellas si podés.

Eso es lo que Dios hace con vos también. No siempre te explica. No siempre te muestra el mapa completo. Te dice: salí de tu carpa, de tu cabeza, de tu lógica de cuatro paredes, y mirá hacia arriba. Porque todo lo que vas a tener va a venir de allá.

Juan lo entendió bien: «No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo». Nada. Tu salud, tu trabajo, ese hijo que estás esperando, esa puerta que se abrió la semana pasada. Todo tiene una sola dirección de origen. Y cuando perdés eso de vista, empezás a medir a Dios por lo que entrega o no entrega, y la fe se te empieza a romper por adentro.

Pero hay algo más. Esta semana también aprendimos que la fe no es para la gente que no tiene problemas. Es para la gente que los tiene y decide no tirar la toalla. Abraham peleó guerras. Pablo tenía un aguijón. Jacob salió de una noche de lucha cojeando para el resto de su vida. Y a todos, en algún momento, Dios les dijo lo mismo: yo soy tu galardón.

No la promesa. No el hijo. No la sanidad. Yo. Yo soy tu galardón.

Eso es lo que cambia todo. Porque si el galardón es la promesa, cuando la promesa tarda, perdés todo. Pero si el galardón es él, entonces en el desierto ya tenés lo más importante. Todo lo demás es añadidura.

Y mirá, yo sé que esto a las 5 de la mañana, con el problema que tenés encima, puede sonar a frase bonita. No te lo digo para que te convenzas. Te lo digo porque Abraham lo vivió de verdad, Pablo lo vivió de verdad, y vos podés vivirlo de verdad también. No es teoría. Es el único camino que funciona.

"―Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda —les respondió Juan—."

Juan 3:27 · NVI

Esta semana, entre culto y culto, sonó el celular. Un pastor amigo con el hijo internado hace 20 días me escribió un mensaje cortito: «Emilio, predicad la fe. Mucha gente te escucha. Falta fe». No me apareció un ángel, no hubo una voz del cielo. Fue un mensaje de texto de un hombre que estaba en un hospital con su hijo enfermo y aun así estaba pensando en los demás. Eso es fe. No la fe de los que tienen todo resuelto. La fe de los que tienen todo revuelto y eligen creer igual.

II Versículo

"Después de esto, la palabra del Señor vino a Abram en una visión: «No tengas miedo, Abram. Yo soy tu escudo y muy grande será tu recompensa»."

Génesis 15:1 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Antes de cerrar esta semana, hacé una cosa. Pensá en lo que más te pesó estos días, lo que más te costó creer, lo que más te tentó a quedarte en la carpa. Y tomá la decisión de salir. No porque ya tengas la respuesta. Sino porque el Dios que te saca afuera y te muestra el cielo sigue siendo el mismo de Abraham, el mismo de Pablo, el mismo de esta semana. Él es tu galardón. El resto viene por añadidura.

Cinco días mirando a Abraham y a Pablo. Dos hombres que no tuvieron todo fácil, que reclamaron, que pidieron lo que no llegó, que cargaron lo que no quisieron cargar, y que igual caminaron. El hilo de toda esta semana es uno solo: el galardón no es la promesa, es él. Y cuando eso lo tenés claro, podés atravesar cualquier desierto de pie.

Emilio
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