Tu provisión viene del cielo, no del esfuerzo que más te agota
Hay una escena en Génesis 15 que me parece tremenda. Abraham está en su carpa. Desanimado, cansado, con el peso de años de promesas sin cumplir. Y Dios no manda un ángel, no manda un mensaje cifrado. Lo saca afuera. Literalmente lo lleva afuera y le dice: mirá el cielo.
Esa carpa representa algo. Representa cuando nos encerramos en nuestras circunstancias. Cuando la situación se te hace tan grande que ya no ves nada más que el problema. Y ahí adentro, en esa oscuridad de carpa, todo parece confirmarte que no hay salida. El tiempo que pasó, la edad que tenés, los recursos que no alcanzán, la gente que te falló.
Y Dios te dice lo mismo que le dijo a Abraham: salí. Salí de tu mente limitada, de tu visión de cuatro paredes, de la lógica que te dice que esto no tiene solución. Salí y mirá al cielo.
¿Por qué el cielo? Porque todo lo que Abraham iba a tener iba a venir de ahí. No de su fuerza. No de Eliezer, su esclavo. No de ningún hombre poderoso que le abriese una puerta. Del cielo. Y eso mismo aplica para vos hoy.
Juan lo entendió bien. Dijo en el capítulo 3 versículo 27: «No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo». Nada. Tu trabajo, sí. Tu salud, sí. Tus hijos, sí. Esa puerta que se abrió la semana pasada, sí. Todo viene del cielo. Aunque haya llegado por medio de un hermano, de un médico, de un contacto que te dio un número de teléfono. Fue Dios el que movió los hilos.
Ahora, eso no significa que no golpeés puertas. Abraham caminó, obedeció, dejó su tierra, peleó guerras. No era pasivo. Pero sabía de dónde venía la provisión real. Y esa conciencia cambia todo. Cambia cómo pedís, cambia cómo agradecés, cambia cómo reaccionás cuando algo no llega todavía.
Hay gente que le sirve a Dios como si él fuese su empleado. «Señor, yo ya hice mi parte, ahora hacé la tuya». Y si no llega en el tiempo esperado, se enojan, se frustran, se alejan. Eso no es fe. Eso es una transacción. La fe de Abraham era distinta: él caminaba aunque no veía, porque confiaba en el Dios que le había hablado, no en el cronograma de entrega.
"Luego lo llevó afuera y le dijo: ―Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. ¡Así de numerosa será tu descendencia!"
Génesis 15:5 · NVIDios le iba a dar a Abraham mucho más de lo que él pedía. Abraham pedía un hijo. Solo uno. Un heredero. Dios le iba a dar a Ismael, padre de los árabes que están regados por el mundo entero. Le iba a dar a Isaac, de quien vendrían los judíos y su influencia enorme en la historia. Le iba a dar otros hijos con otras mujeres. Y más allá de la carne, le iba a dar una descendencia espiritual que incluye a todos los que creemos en Cristo. Todos los que tenemos fe somos hijos de Abraham. Él pedía uno. Dios le dio millones. Eso es lo que hace el Señor cuando vos confiás en él: da siempre más de lo que pediste.
"―Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda —les respondió Juan—."
Juan 3:27 · NVIEsta semana, cada vez que sientas la presión de que algo depende solo de vos, acordate de esto: tu provisión viene del cielo. Eso no te quita responsabilidad, te quita ansiedad. Hacé lo que tenés que hacer, golpeá las puertas que tenés que golpear, pero hacelo desde la confianza de que Dios es el que mueve los hilos. Cuando llegue lo que esperabas, que tu primera reacción no sea orgullo por lo que lograste, sino gratitud por lo que él hizo.
Salí de la carpa. Levantá la vista. Todo lo que necesitás tiene una sola dirección de origen. Y esa dirección es hacia arriba.
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1 comentario
Me ayuda un montón para un proyecto que estoy encarando. Muchas gracias por tomar tiempo para preparar estos devocionales!
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