Día 6
Día 6 de 7 6 de junio

Dios te habla a través de personas. Pero no cualquiera, y no de cualquier manera.

Mirá, te cuento algo que me da un poco de vergüenza admitir pero que es verdad. Cuando era más joven y no encontraba con quién casarme —tres años buscando, carpetas y currículums de candidatas sobre la mesa, te juro que no es chiste— llegué a un punto en que le dije a Dios: «Señor, mandame alguien que me diga con quién.» Y Dios, que tiene un sentido del humor muy particular, usó exactamente a esa persona. Pero con una vuelta que no me esperaba.

Bueno, uno de los canales por donde Dios habla es a través de otras personas. Eso está en la Biblia y pasa en la vida real. Ahí estaba ese hombre en la oficina, sin saber qué decisión tomar, y de repente toca la puerta la hermana Cristina y dice: «Perdón, pastor, el Señor me puso a orar por vos.» Y lo que dijo era exactamente lo que ese hombre necesitaba escuchar. Eso pasa. Dios usa personas.

Ahora, acá viene lo importante, y prestá atención porque esto te puede salvar de un error serio. Que Dios use personas no significa que cualquier persona que venga con una «palabra» sea mensajero de Dios. La Biblia dice en Primera Corintios que toda profecía tiene que ser juzgada bíblicamente. Juzgada. O sea, no se acepta automáticamente porque el que la dice tenga un título, una túnica o una historia de milagros.

Y el criterio no es complicado. Primera pregunta: ¿lo que te dicen contradice lo que la Biblia ya dice? Si sí, descartalo. Sin drama, sin pelea, pero descartalo. Segunda: ¿lo que te dicen ya estaba resonando en tu propia conciencia? Porque por lo general, cuando Dios habla a través de alguien, vos ya lo estabas escuchando de alguna manera. La persona confirma, no inaugura.

El peligro es el otro extremo: el que viene y te dice «Dios me mostró que vos tenés que casarte con fulana». O «Dios me dijo que tenés que irte de misionero al Sudán». Y vos, que nunca sentiste nada de eso, de repente lo aceptás porque el tipo habló con autoridad. No. Dios te habla a vos también. Tu conciencia funciona. Tu mente funciona. Dios no te pide que la apagues cuando alguien dice una «palabra».

"«Si el profeta hablare en nombre del Señor y no se cumpliere lo que dijo, es palabra que el Señor no ha hablado.»"

Deuteronomio 18:22 · NVI

La historia de Lilian es la que mejor ilustra esto. Tres años sin encontrar pareja, y un pastor le dice: «Yo creo que sé con quién te tenés que casar. Con esa chica de tu iglesia.» Y él, que nunca la había mirado con ojos de atracción, dice que algo se empezó a activar. La fue conociendo más. Y más. Y ahí dijo: «Sí, quiero.» ¿Ves la diferencia? La palabra externa confirmó algo que fue creciendo por dentro. No fue una orden que obedeció a ciegas. Fue una puerta que él mismo eligió cruzar porque sintió que era de Dios. Hoy, después de más de veinte años casados, el fruto habla. Ese es el protocolo. La palabra de afuera que resuena con lo de adentro. Cuando no hay resonancia, no alcanza con que alguien diga que es de Dios.

II Versículo

"«Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.»"

1 Corintios 14:29 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, en concreto: si alguien te dijo algo esta semana que supuestamente «es de Dios para vos», no lo aceptes ni lo descartes automáticamente. Pasalo por el filtro. ¿Contradice la Biblia? Fuera. ¿Tu conciencia ya venía diciéndote algo parecido? Prestale atención. ¿Viene de alguien que conoce tu vida, que ora por vos, que tiene frutos visibles? Diferente a alguien que apareció de la nada con una «revelación». Nosotros necesitamos aprender a discernir, no a desconfiar de todo ni a creerle a cualquiera. Las dos cosas son errores.

Dios habla por personas. Pero también te dio conciencia, palabra escrita y la capacidad de pensar. No las apagues. El que te pide que dejes el cerebro afuera para escuchar a Dios, ese no está hablando de parte de Dios. Eso te lo digo en serio.

Emilio
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