Día 6
Día 6 de 7 13 de junio

El Cuerpo No Abandona Al Dedo Gordo

Hacé la prueba. Sacate el zapato y apretate el dedo gordo del pie. Apretalo de verdad. Ahora imaginá que te lo sacan. Mañana a la mañana querés salir a correr, o a caminar, o simplemente llegar a la cocina a hacerte el mate, y ese dedo no está. ¿Sabés lo que es eso para el equilibrio? Es un desastre. Y el dedo gordo no es el corazón, no es el pulmón, no es el cerebro. Es el dedo gordo. Lo más periférico, lo más ignorado, lo que nunca sale en la foto. Y sin embargo, te rompe la marcha entera si no está.

Pablo lo dice en Primera de Corintios y yo creo que lo decía pensando en exactamente eso: que el cuerpo no funciona si cada parte hace lo que le parece. Hay partes que parecen más importantes, hay partes que nadie nota, y todas son necesarias. Todas.

Ahora, ¿por qué esto tiene que ver con la fidelidad? Porque la infidelidad empieza exactamente ahí: cuando una parte decide que puede arreglárselas sola. Cuando el dedo gordo dice «yo me voy, no me necesitan de todas formas». Y se va. Y la marcha se rompe.

En el ejército me enseñaron algo que nunca se me fue. El espíritu de cuerpo. Uno fallaba y todos ligábamos. Uno tenía frío y todos sentíamos el frío. La idea no era castigarse mutuamente, la idea era que nadie estuviera solo. Que si uno caía, el de al lado lo cargaba. Que si uno no podía más, el grupo absorbía eso. Y esa dinámica, que en el ejército es una estrategia de supervivencia, en la iglesia es una vocación. Somos un cuerpo. No es una metáfora bonita para el sermón del domingo. Es la descripción más literal de lo que Dios armó.

Y mirá la ironía: el que se va «porque no lo necesitan» es el que más necesita quedarse. Porque afuera del cuerpo, la parte se muere. Un riñón suelto no funciona. Un corazón separado no late. Y una persona que se desconecta de la comunidad, del compromiso, de la sujeción, no crece. Se seca. Yo lo vi mil veces. El hermano que se fue enojado porque no lo valoraban suficiente, y cinco años después lo encontrás y no hay nada. Se secó.

"Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y, si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él."

1 Corintios 12:26 · NVI

Vi un video una vez de un comandante americano despidiendo a su unidad antes de ir a Irak. Parado frente a los soldados, les dijo: «No sé si van a volver vivos o muertos. Les voy a ser sincero. Pero una cosa les aseguro: van a volver a este aeropuerto. Ni su cuerpo vamos a dejar allá.» Y los soldados se miraron, y no hubo aplausos. Hubo silencio. Porque entendieron el peso de lo que acababa de decir. Nadie queda afuera. Nadie se queda solo. Nadie se abandona. Si eso lo puede sostener un ejército humano que va a una guerra de la que puede no volver, cuánto más debería sostenerlo la iglesia, que pelea una guerra por la eternidad.

II Versículo

"De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo."

1 Corintios 12:12 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Esta semana, antes de que termine el sábado, pensá en alguien del cuerpo que se fue quedando en el borde. No el que se fue enojado hace tres años, ese es otro tema. El que simplemente se fue diluyendo: viene menos, participa menos, está pero no está. Y en lugar de esperar a que vuelva solo, buscalo. Un mensaje, una llamada, un «che, ¿cómo estás?» sin agenda. El cuerpo cuida al dedo gordo. No lo deja afuera esperando que decida volver por su cuenta. Y si sos vos el que se fue diluyendo, esta es la señal. Volvé. No hace falta un discurso, no hace falta explicar nada. Solo volvé.

La fidelidad no es solo quedarse cuando uno tiene ganas. Es quedarse cuando el cuerpo te necesita aunque vos no lo notes. Y es dejar que el cuerpo te cuide cuando sos vos el que no puede más. Para eso nos juntamos. Para eso somos uno.

Emilio
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