Día 7
Día 7 de 7 14 de junio

Fiel Es El Señor Que Te Constituyó

Hebreos 3 dice algo que esta semana no me pude sacar de la cabeza. Habla de Moisés y dice que fue fiel en toda la casa de Dios. Toda. No en los momentos lindos, no cuando el pueblo lo seguía con entusiasmo, no cuando Dios hacía milagros espectaculares. En toda la casa. Eso incluye los cuarenta años en el desierto. Los que saben la historia saben lo que fueron esos cuarenta años. Quejas, rebelión, idolatría, la gente añorando Egipto, queriendo volver a la esclavitud porque al menos ahí había ajos y cebollas. Y Moisés, fiel. En toda la casa.

Esta semana estuvimos dando vueltas alrededor de una sola idea: la fidelidad. Y fuimos viendo las capas. El lunes arrancamos con lo básico: ser hallado fiel. Que lo que hay adentro sea coherente con lo que mostrás afuera. El martes vimos que la raíz de la infidelidad casi siempre es la soberbia, y que la humildad es la que produce fidelidad real. El miércoles nos incomodamos juntos con la aprobación humana, con ese mecanismo de campaña electoral permanente en el que vivimos sin darnos cuenta. El jueves hablamos del ego que no llega con cara de ego, que llega disfrazado de consejo bien intencionado. El viernes y hoy estuvimos en el terreno más concreto: la trampa de la humildad-performance y lo que significa ser parte de un cuerpo de verdad.

Y hoy, el último día, quiero que te quedes con esto: la fidelidad que Dios te pide no sale de vos. No es una virtud que cultivás con suficiente disciplina. Viene de él. Porque él es fiel primero. Dice la Palabra: «Si fueremos infieles, él permanece fiel.» No como excusa para ser infiel, ojo. Sino como la base sobre la que podés pararte. Dios no te está pidiendo que seas algo que él no sea. Te está pidiendo que lo reflejés a él. Y eso cambia la presión completamente.

Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo. Y Jesús fue fiel sobre su casa como Hijo. Y dice Hebreos que esa casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza. Mirá ese «si retenemos». No dice «si logramos». No dice «si nos esforzamos lo suficiente». Dice si retenemos. Como el que agarra algo que ya le fue dado y no lo suelta.

"Si somos infieles, él permanece fiel, pues él no puede negar quién es."

2 Timoteo 2:13 · NTV

Hay algo que me dijo la esposa de Billy Graham, o mejor dicho, algo que ella pidió que dijera su lápida, porque a ella ya no le quedaban palabras. Murió a los 87 años, una mujer que vivió en la sombra de uno de los predicadores más grandes del siglo veinte. Viajes, ausencias, carga ministerial, toda la vida al costado de algo más grande que ella misma. Y lo que eligió para que quedara grabado en piedra fue esto: «Ahora podés halagarme. Ya terminó la construcción.» No puso sus logros. No puso los años de servicio. No puso los títulos ni los libros ni los países que visitó. Puso que era una obra en proceso. Que todavía, hasta el último día, Dios estaba trabajando en ella. Eso es fidelidad. No la llegada, sino el permanecer en manos del que te está formando.

II Versículo

"Él fue fiel al que lo nombró, como lo fue también Moisés en toda la casa de Dios."

Hebreos 3:2 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con todo esto? Una sola cosa. Esta semana, en algún momento de silencio, hacete esta pregunta sin escaparte de ella: ¿en qué área de mi vida estoy siendo hallado fiel, y en qué área no? No es para que te condenes. Es para que seas honesto. Con vos, con Dios. La fidelidad empieza con la honestidad. El que se miente a sí mismo sobre dónde está parado no puede corregir el rumbo. Y si encontrás una área donde venís fallando, no la expliques, no la justifiques. Nombrásela a Dios y pedile gracia para volver. Porque su fidelidad hacia vos no depende de la tuya hacia él. Y eso, que podría sonar como una salida fácil, es en realidad el mayor peso del mundo. Porque si él es así con vos, ¿qué excusa te queda para no serlo vos con los que te rodean?

Empezamos la semana con una sola exigencia: ser hallado fiel. Pasamos por la soberbia que lo destruye, por la aprobación humana que lo distorsiona, por el ego que lo secuestra, por la humildad que no se fabrica y por el cuerpo que no funciona sin cada parte. Y terminamos acá: Dios es fiel. Siempre fue fiel. Y te constituyó para que lo reflejés. Eso es todo lo que se te pide. Quedáte en sus manos y no soltés.

Emilio
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