La Aprobación Que Realmente Importa
Me pregunto cuántas decisiones tomaste esta semana pensando en lo que iban a decir los demás. No para hacerles el bien, sino para que quedaran conformes con vos. Es un mecanismo tan automático que a veces ni lo notamos.
Pablo dice algo en Gálatas 1:10 que debería ponernos incómodos a todos: «¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.» No es una pregunta retórica. Es un diagnóstico.
El que vive para la aprobación humana no puede ser un siervo fiel, porque su fidelidad depende del estado de ánimo de los que lo rodean. Si le aplauden, sirve. Si lo critican, se repliega. Si lo ignoran, se pregunta si vale la pena seguir. Y así la vida entera se convierte en una campaña electoral permanente.
El verdadero siervo de Dios busca la aprobación de Dios. No porque no le importe la gente —Pablo amaba profundamente a los corintios, a los gálatas, a Timoteo— sino porque entiende que el único juicio que va a definir su eternidad es el de Dios. Y mientras tanto, sirve. Aunque nadie lo vea. Aunque nadie lo aplauda. Aunque le cueste la cabeza, como a Juan el Bautista.
"Él debe tener cada vez más importancia y yo, menos."
Juan 3:30 · NTV"Por lo tanto, no juzguen nada antes de tiempo; esperen hasta que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda."
1 Corintios 4:5 · NVIJuan el Bautista nunca hizo un solo milagro. Ninguno. Y sin embargo Jesús dijo que entre los nacidos de mujer no se levantó uno mayor. ¿Cuál era su poder? No era el milagro, no era la elocuencia, no era el título. Era una frase que dijo en Juan 3: «Es necesario que él crezca, y que yo mengüe.» Un hombre que públicamente declara que su función es achicarse. Que su éxito se mide en cuánto más grande se ve el otro. Eso es lo que Jesús llama grandeza. Y es exactamente lo opuesto a lo que el mundo —y a veces la iglesia— te vende como éxito.
"Entonces, ¿busco ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo."
Gálatas 1:10 · NVIEsta semana te propongo un ejercicio concreto: la próxima vez que hagas algo bien —en tu trabajo, en tu casa, en la iglesia— y nadie lo note, observá lo que pasa adentro tuyo. Si sentís una punzada de frustración o de resentimiento, eso es información valiosa. No te condenes, pero prestale atención. Ese tirón es la señal de que parte de tu motivación está puesta en la aprobación humana. Y Dios, que es bueno, te está invitando a moverla.
El único aplauso que va a importar cuando se acabe todo es el de Dios. «Bien, buen siervo y fiel.» Cuatro palabras. Vivir para eso cambia todo lo demás.
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1 comentario
Gracias por esta palabra!!! Tengo tarea para mi corazón y mis motivaciones. 😬
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