Día 2
Día 2 de 7 9 de junio

La Humildad Produce Fidelidad

¿Sabés cuál es la raíz de casi toda infidelidad? No es la tentación de afuera. No es la presión del mundo. Es algo que vive adentro tuyo y adentro mío, y que se llama soberbia.

Salmos 31:23 hace un contraste que parece sencillo pero es brutal: «A los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que procede con soberbia.» Mirá las dos columnas: el fiel y el soberbio. No pone al fiel y al cobarde, no pone al fiel y al ignorante. Pone al fiel y al soberbio. Como si soberbia y fidelidad fueran opuestos directos.

Y lo son. Porque la soberbia te convence de que vos podés arreglártelas solo. Que tu criterio es más válido que el de tu pastor, que el de tu pareja, que el de tu amigo de años. La soberbia te hace creer que si vos estuvieras en el lugar del otro, harías todo mucho mejor. Y cuando eso entra en el corazón, la fidelidad se empieza a romper. Primero en los bordes —una crítica por acá, una distancia por allá— y después en el centro.

La humildad, en cambio, produce dependencia. Y la dependencia produce fidelidad. El que sabe que no se basta solo se queda. El que sabe que necesita a Dios, que necesita al cuerpo, que necesita al hermano de al lado, ese no se va cuando viene la presión. Porque entiende que afuera de ese vínculo, afuera de esa sujeción, está solo.

"«Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.»"

Santiago 4:6 · NVI

En la prédica de esta semana se habló de Spurgeon —el gran príncipe de los predicadores, como le decían— y de una frase que vale oro: «Todo hombre y toda mujer en este mundo tiene solamente dos opciones. O se humilla, o será humillado.» Punto. No hay tercera opción. La rodilla se dobla voluntariamente o se dobla por la fuerza. Y Dios, que conoce nuestra tendencia al orgullo, a veces usa las circunstancias más duras —una enfermedad, una traición, una pérdida— no para destruirnos, sino para mantenernos en el lugar correcto. El lugar del que sabe que depende.

II Versículo

"«Amad a Jehová todos vosotros sus santos; a los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que procede con soberbia.»"

Salmos 31:23 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, antes de que empiece el día, hacete esta pregunta en serio: ¿Con quién estoy siendo soberbio? ¿Con tu pareja? ¿Con tu pastor? ¿Con un compañero de trabajo? La soberbia rara vez se siente como soberbia desde adentro. Se siente como que tenés razón. Pedile a Dios que te muestre la diferencia. Y si encontrás algo, no lo justifiques. Reconocelo. Eso solo ya es un acto de humildad.

La fidelidad no se sostiene con fuerza de voluntad. Se sostiene con humildad. Y la humildad no es debilidad, es la base sobre la que Dios puede construir algo que dure.

Emilio
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