Día 5
Día 5 de 7 21 de agosto

El samaritano no preguntó si lo merecía

Hay una escena en la parábola que te la paso por alto esta semana y que hoy me parece la más brutal de todas. No es el sacerdote que pasa de largo, aunque eso duele. No es el levita que mira y sigue caminando. Es lo que hace el samaritano antes de ayudar. ¿Sabés qué hace? Nada. No pregunta nada. No averigua quién es el tipo tirado. No le toma los datos. No evalúa si lo merece. Ve a alguien destrozado en el camino y se baja.

Bajó de su mula, gente. Eso es lo que dice el texto. Se bajó de su mula y caminó. No mandó un mensajero. No delegó. No dijo «mirá, yo tengo una reunión importante, pero te mando a alguien de confianza». Se bajó él. Con sus manos le vendó las heridas. Le echó aceite y vino, que eran sus recursos, lo que él tenía encima. Le puso en su propia cabalgadura y caminó a pie hasta el mesón.

Ahora te pregunto en serio: ¿vos alguna vez hiciste algo así por alguien que no conocés? ¿Por alguien que ni te cae bien? — No, pastor, pero yo ayudo cuando puedo. — Bien. ¿Y cuándo podés? — Y, cuando tengo tiempo, cuando no estoy cansado, cuando no tengo otra cosa. — O sea, cuando no te cuesta nada. Ahí es cuando ayudás.

Eso no es lo que hizo el samaritano. Él interrumpió su viaje. Su agenda, sus planes, su tiempo, su plata. Todo eso lo rompió en el momento en que vio a un tipo que no le era nada. Y encima ese tipo era judío, o sea, alguien que en condiciones normales lo despreciaba.

Ahí está la daga. El samaritano no tenía razones para parar. Tenía todas las razones del mundo para seguir caminando. Y sin embargo paró. ¿Por qué Jesús elige a un samaritano como el héroe de la historia? Para destruirle el argumento al intérprete de la ley. Para decirle: el que menos debería tener compasión es el que la tiene. Y los que deberían tenerla, el sacerdote, el levita, los que se creen cumplidos ante Dios, son los que pasan de largo.

Jesús no estaba enseñando solidaridad. Estaba aplastando el orgullo religioso. Estaba diciéndole a ese hombre: el que vos despreciás hace lo que vos no podés hacer. Eso es lo que quería que escuchara. Y duele, hermano. Duele porque nos incluye a nosotros también.

Me acuerdo que una vez alguien me contó de una señora mayor, evangelista de toda la vida, que vivía en un barrio complicado. Todos los domingos iba al culto con su Biblia bajo el brazo, siempre puntual, siempre arreglada. Y había en la esquina de su casa un tipo que vivía en situación de calle hace años. Todos los domingos ella pasaba por al lado de él para ir al culto. Un día, alguien del barrio, que no era creyente, le preguntó al tipo si conocía a la señora. Y él dijo: «Sí, la conozco. Es la que me saluda con la mano desde lejos». La que lo saludaba desde lejos era la creyente. La que le llevaba comida caliente dos veces por semana era la vecina atea de enfrente. No lo cuento para hacerte sentir mal. Lo cuento porque Jesús ya contó esa historia hace dos mil años y sigue siendo igual de incómoda.

II Versículo

"Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó."

Lucas 10:33–34 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

No te voy a pedir que vendás todo y te vayas a vivir a la calle. Ya dijimos que nadie puede hacer eso de manera perfecta y sostenida. Pero sí te voy a pedir algo concreto para hoy: pensá en una persona que está en tu camino esta semana, no en el mundo entero, una persona, y hacé algo que te cueste algo real. No un like, no un «estoy orando por vos» por WhatsApp. Algo que interrumpa tu agenda aunque sea un ratito. Tiempo, plata, una llamada larga cuando no tenés ganas. Algo que te baje de tu mula. Y mientras lo hacés, recordá que vos no lo podés hacer perfecto ni siempre. Pero podés empezar hoy. Nosotros no somos el samaritano perfecto. Somos gente que intenta parecerse un poco más a él, con la ayuda del único que sí lo hizo perfectamente.

El samaritano no esperó que el tipo del camino lo mereciera. Vos tampoco vas a esperar eso. Porque la gracia que recibiste tampoco vino porque vos la merecías.

Emilio
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