La ley que nadie puede cumplir
Jesús le dijo al intérprete de la ley algo que suena casi cruel si no lo entendés bien: «Haz esto y vivirás». Andá y amá a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a vos mismo. Cumplí eso y entrás. ¿Sencillo, no? Bueno. Ahí empieza el problema.
Porque nadie puede. Nadie pudo. Nadie va a poder.
No hablo de que sea difícil. Hablo de que es imposible. El joven rico se acercó a Jesús con la misma pregunta: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Y Jesús le dijo: «Los mandamientos conocés». «Sí», respondió. «Todo eso lo cumplí desde mi juventud». Y yo te pregunto: ¿vos creés que ese joven cumplió toda la ley? ¿En serio? Si los viejos hechos pelota, que ya estamos buscando pista de aterrizaje, no podemos cumplirla, ¿qué va a estar haciendo un pibe lleno de testosterona, con la vanidad y la necedad de la juventud?
Pero el punto no era convencer al joven de que mentía. El punto era mostrarle su corazón. Jesús le dijo: «Vendé todo lo que tenés, dáselo a los pobres, y vení y seguime». Y el tipo se fue triste porque tenía muchas posesiones. O sea, ¿qué pasó ahí? Si en serio amabas a tu prójimo como a vos mismo, le dabas lo que tenías. Pero preferiste quedarte con tus cosas. Te amás más a vos mismo que a tu prójimo. La ley te condena.
Y acá viene lo que Jesús quería que entendiera el intérprete de la ley, y lo que quiere que entiendas vos hoy: por el camino de la ley, nunca vas a llegar al cielo. Sencillamente no podés hacerlo. La ley pide perfección. No 99%. No «hago lo que puedo». Perfección. Amá a Dios sobre todas las cosas, cada segundo, toda tu vida. Amá a tu prójimo, incluyendo a tu enemigo, como a vos mismo, sin excepción. Andá. Hacelo.
No podés. Y no es solo que no querés, aunque eso también. Es que no podés. Eso es exactamente lo que Jesús quería que este hombre entendiera. Las malas noticias primero. Sin convicción de pecado, la gracia no tiene sentido. Si te sentís bien, si te creés bueno, no necesitás salvador.
"¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo sujeto a la muerte?"
Romanos 7:24 · NVIMiqueas 6:8 dice algo que parece fácil: «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios». Ora, qué sencillo, ¿no? Humilláte un minuto. No te quejes con tu pareja. No le ретés. No le maltratés. Si te pide que baldees la casa un lunes que tenés fútbol, lo hacés y no decís nada. Fácil. Pero te juro que para muchos era más fácil matar cien carneros o derramar mil arroyos de aceite que eso. Por eso nos encantan los rituales: ya fui al culto, ya cumplí. La obediencia real en lo cotidiano es otro nivel.
"―Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás."
Lucas 10:28 · NVIHoy la práctica es incómoda, y la voy a decir igual: reconocé que no podés. No como un ejercicio de autocompasión. Como un ejercicio de honestidad real. Pensá en las últimas 24 horas. ¿Amaste a Dios sobre todas las cosas en ese tiempo? ¿Amaste a cada persona con quien interactuaste como a vos mismo? No para flagelarte. Para que la respuesta te lleve a donde tiene que llevarte: a necesitar a alguien que sí pudo.
El punto de la ley no es que la cumplas. Es que al intentarlo, te das cuenta de que no podés. Y ahí, justo ahí, empieza el evangelio.
Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® | © 1999, 2015, 2022 por Biblica, Inc. | Usado con permiso. Reservados todos los derechos en todo el mundo.
Textos bíblicos provistos por API.Bible
Comentarios
Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tu comentario será revisado antes de publicarse.