Él te dijo que íbamos al otro lado. Y vamos.
Toda la semana estuvimos en una misma barca. La del lunes llegó sin avisar. La del martes nos metió en el examen de lo que creíamos. La del miércoles nos hizo sentir que Dios dormía. La del jueves nos llevó a preguntar quién es realmente este que calma el viento. La del viernes nos enseñó a soltar los remos. La del sábado nos mostró lo que había escondido en el corazón. Y hoy, domingo, la barca llegó al otro lado. No porque la tormenta haya sido pequeña. Sino porque él estaba adentro.
Cuando el Señor les dijo «pasemos al otro lado», no fue una sugerencia. Fue una declaración. Y los discípulos no sabían que en el camino iba a haber tormenta. Pero él sí lo sabía. Y lo dijo igual. «Pasemos al otro lado.» Porque la tormenta no cambiaba el destino. Solo cambiaba el camino.
Eso es lo que muchas veces no entendemos cuando estamos en el medio del problema. Pensamos que la tormenta es una señal de que el destino cambió, de que Dios se olvidó, de que prometió algo que no va a cumplir. Y no. La tormenta es parte del trayecto, no el final del trayecto.
Mirá lo que dice el texto. Después que Jesús calma el viento y el mar, no dice que llegaron a ningún lado todavía. Llegaron al otro lado en Marcos 5, donde estaba el endemoniado gadareno esperando ser libre. O sea, la tormenta era el camino hacia algo que Dios ya tenía planeado. Ellos no lo sabían. Pero él sí.
Y acá viene algo que me parece de las cosas más importantes que podés llevarte esta semana. Dios no solo te promete el destino. Dios va con vos en el trayecto. No te manda y espera que llegues. Sube a la barca. Aunque duerma —con esa paz soberana que descoloca a cualquiera— está ahí. Y cuando el momento es el correcto, se levanta y habla. Y el viento y el mar le obedecen.
Hermano, el que gobierna el universo está en tu barca. No el que tiene buenas intenciones. No el que te manda energía positiva. El que con una sola palabra detuvo una tormenta en el mar de Galilea. Ese está con vos. Y si él te dijo que van al otro lado, van a llegar al otro lado. No importa cuánta agua entre en la barca en el camino.
"Aun si voy por valles tenebrosos, no temeré ningún mal porque tú estás a mi lado; tu vara y tu bastón me reconfortan."
Salmos 23:4 · NVICuando mis hijos eran chiquitos y tenían miedo de algo —la oscuridad, algún ruido, lo que fuera— se pegaban a uno. Literalmente se colgaban. Y en ese momento el miedo se iba, no porque el problema desapareciera, sino porque lo que los abrazaba era más grande que lo que los asustaba. Eso es lo que el Señor nos ofrece. No la eliminación inmediata de toda tormenta. Su presencia en medio de ella. Y hay algo que el salmo 23 dice de una manera que siempre me detiene: «Aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.» No dice «porque no voy a andar en el valle». Dice «aunque ande». El valle existe. La tormenta existe. Pero él está ahí. Y eso cambia todo.
"Ese día al anochecer les dijo a sus discípulos: ―Crucemos al otro lado."
Marcos 4:35 · NVIEsta semana, en algún momento, vas a sentir que la tormenta no pasó todavía. Que el agua sigue entrando. Y en ese momento, en vez de preguntarte por qué Dios no para el viento, preguntate: ¿está él en mi barca? Sí. Siempre sí. Entonces podés descansar. No porque el problema sea pequeño. Sino porque el que está con vos es más grande que el problema. Nosotros no pedimos que Dios quite todas las tormentas. Pedimos conocerlo en ellas. Que su presencia sea más real que el ruido del viento. Eso sí nos lo da. Siempre.
Empezamos el lunes con una tormenta que no avisó. Terminamos el domingo recordando que él estaba ahí antes de que llegara, durante, y después. La barca llegó al otro lado. La tuya también va a llegar. Él lo dijo, y lo que él dice, lo cumple.
Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® | © 1999, 2015, 2022 por Biblica, Inc. | Usado con permiso. Reservados todos los derechos en todo el mundo.
Textos bíblicos provistos por API.Bible
Comentarios
Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tu comentario será revisado antes de publicarse.