Día 4
Día 4 de 7 27 de agosto

¿Quién es este? La pregunta que cambia todo

Escuchame bien esto porque me parece de las cosas más curiosas de todo el texto. Después que el Señor calma la tormenta, los discípulos se miran entre ellos y preguntan: «¿Quién es este que aún el viento y el mar le obedecen?» Esperá. ¿No conocían a Jesús? Claro que sí. Habían dejado todo para seguirlo. Lo habían visto multiplicar panes, habían escuchado su enseñanza todo el día. Y de todas formas, después de que calma la tormenta, preguntan quién es. Eso, hermano, no es ignorancia. Es asombro. Es que ahora lo conocen de una manera que antes no podían.

Y esto me parece que es una de las cosas más honestas que podemos reconocer: vos y yo conocemos a Jesús, pero todavía no lo conocemos del todo. Nuestro Dios, el de la Biblia, es generalmente mucho más grande de lo que todavía imaginamos. Lo vamos conociendo de a poco, y la tormenta es uno de los métodos que más profundiza ese conocimiento.

Mirá lo que pasa en el texto: antes de la tormenta, ellos tenían miedo de la naturaleza. Después de la tormenta, tienen miedo del creador de la naturaleza. Antes estaban asustados por el viento. Ahora están llenos de asombro por el señor del viento. Eso es crecimiento. Eso es lo que Dios persigue en las pruebas.

Porque te lo digo en serio: hay una diferencia enorme entre saber que Dios es poderoso y haberlo experimentado como poderoso en el momento en que vos no podías más. La primera es teología. La segunda es fe. Y las dos son necesarias, pero la segunda no se consigue leyendo sola. Se consigue en la barca cuando el agua entra.

Job lo dijo al final de todo su sufrimiento —y ojo que Job sufrió de verdad, no una pruebita de nada— dijo: «De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven.» Antes lo conocía de referencias. Después de la tormenta, lo conoció de frente. Y ese «ahora mis ojos te ven» le costó caro. Pero lo tenía. Y nadie se lo podía quitar.

"Ellos estaban espantados y se decían unos a otros: ―¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?"

Marcos 4:41 · NVI

El otro día pensaba en esto. Hay canciones que cantamos en el culto que suenan hermosas. «Confío en ti, Señor.» Y todos cantamos, todos levantamos la mano, todos lo decimos con ganas. Y está bien. Pero el Señor en algún momento te va a decir: bueno, ahora probámelo. Y ahí la canción ya no es tan fácil. No porque sea mentira lo que cantaste, sino porque la fe que declara en la calma tiene que ser probada en la tormenta. Y si salís de la tormenta habiendo confiado aunque sea un poquito más de lo que confiabas antes, eso vale más que mil cultos donde todo salió perfecto. No lo digo para que le agarrés miedo al culto, que conste.

II Versículo

"De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos."

Job 42:5 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, si podés, tomá un momento —no tiene que ser largo, cinco minutos está bien— y hacé una lista mental o escrita de momentos en tu vida donde Dios apareció en medio de algo difícil. No para sentirte bien con el pasado, sino para recordar con quién estás tratando hoy. Esa memoria es combustible para la fe presente. Y si estás en medio de una tormenta ahora mismo y todavía no ves la salida, sumalo a la lista con un signo de pregunta. Dios se encarga de cerrar esas preguntas. Generalmente cuando menos lo esperás.

La pregunta «¿quién es este?» no es una pregunta de ignorancia. Es la pregunta que te hace la tormenta para que respondas desde las entrañas, no desde la cabeza. Y cada vez que la respondés en medio del caos, lo conocés un poco más. Eso es exactamente lo que él buscaba.

Emilio
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