Día 2
Día 2 de 7 29 de septiembre

Esperar no es quedarse quieto

«Esperé yo a Jehová, esperó mi alma. En su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana». Cinco veces en tres versículos dice «espero». Cinco veces. Eso no es casualidad. Eso es una obsesión. Una necesidad. Una pelea.

El Salmo 130 está marcado por palabras extremas: clamo, súplica, espero, aguardo. No hay medias tintas acá. Y la palabra que más aparece es esperar. Entonces vale la pena preguntarse qué significa eso en serio, porque el mundo tiene su propia definición de la paciencia, y no tiene nada que ver con la bíblica.

Para el mundo, la paciencia es resignación. Es el que ya se rindió pero todavía no lo admite. Es el que espera el colectivo bajo la lluvia sin paraguas y no puede hacer nada. Esa es la paciencia mundana: pasividad disfrazada de virtud.

Pero la paciencia bíblica —la longanimidad, la llama la Escritura— es otra cosa completamente. Es una espera activa. El que espera en Dios no está cruzado de brazos. Está orando. Está atento. Está expectante. Sigue caminando aunque no vea nada todavía. Y cuando la gente le dice «abandoná, dejá, hasta cuándo vas a seguir así», él dice: «No. Voy a continuar». Eso no sale de la carne, hermano. La carne quiere todo ya. Eso es fruto del Espíritu.

¿Y por qué cuesta tanto esperar? Porque vivimos sumergidos en una filosofía de inmediatez que ni nos damos cuenta. Comprar ya, tener ya, resolver ya, adquirir ya y después pagar. La vida pasa rápido, hacelo ahora. Eso nos lo metieron tan adentro que cuando Dios dice «espera», nos parece que algo está fallando. Que Dios no está respondiendo. Que tal vez no escuchó. Y no, no es eso. Es que el tiempo de Dios y tu tiempo cronológico no son el mismo. Isaías lo dice claramente: «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos». Él trabaja en otro registro. Y vos tenés que aprender a sincronizarte con eso, aunque duela.

"pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán el vuelo como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán."

Isaías 40:31 · NVI

El salmista usa una imagen que yo entiendo bien, porque pasé por eso en el ejército. Dice que su alma espera a Dios «más que los centinelas a la mañana». El que hizo guardia de noche sabe de qué habla. Yo una vez hacía guardia, caminando para no dormirme, y en algún momento me di cuenta que estaba en el suelo. No sé en qué momento pasó. Un lapso así. Y un capitán me miraba. Al final no me hizo nada, pero la sensación de esperar que amaneciera, de ver la primera luz… eso es lo máximo. El centinela no está pasivo. Está alerta, tenso, despierto. Pero anhela con todo que llegue la luz. Así es la espera en Dios: tensa, viva, expectante.

II Versículo

"Espero al Señor, lo espero con toda el alma; en su palabra he puesto mi esperanza. Espero al Señor con toda el alma, más que los centinelas la mañana. Como esperan los centinelas la mañana,"

Salmos 130:5–6 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto hoy? Revisá qué estás esperando y cómo lo estás esperando. Si estás esperando amargado, quejándote, contándole a todo el mundo cuánto sufrís, eso no es paciencia bíblica, es victimismo. Pero si estás esperando orando, creyendo, dando un paso aunque no veas el siguiente, eso que estás experimentando ahora mismo es fruto del Espíritu Santo. Nombralo así. No como derrota, sino como madurez.

La espera no es el tiempo muerto entre lo que pediste y lo que vas a recibir. Es el tiempo donde Dios te está formando para poder cargarlo. No la desperdicies quejándote.

Emilio
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