Día 4
Día 4 de 7 17 de septiembre

La trampa de quedarse con el uno cuando Dios ya te dio diez

A ver, te voy a contar algo que me parece que nos pasa a todos, y me incluyo. Dios te bendice. En serio, te bendice de manera notable. Pero resulta que hay alguien que en algún momento te hizo algo, te quitó algo, te perjudicó de alguna manera. Y vos, con tus diez nuevas bendiciones en la mano, estás con la cabeza girada mirando el uno que te sacaron. Así nomás. Diez acá, uno allá, y los ojos puestos en el uno.

Me río porque es cómico, pero en serio es trágico. Y lo prediqué esta semana porque lo vi clarito en la historia de David, y lo veo clarito en mí también.

Dios tiene una manera de hacer justicia que no se parece en nada a la nuestra. La nuestra es: que al otro le vaya mal. Que le quiten el uno también. Que sufra un poquito, que sepa lo que es. Y si yo tengo que sufrir a la par para que al otro le vaya mal, bueno, acepto el trato.

¿No te suena eso? A mí me suena. Y es una de las cosas más tontas que podemos hacer con nuestra energía, hermano.

La Biblia dice que Dios preparó una mesa delante de David en presencia de sus angustiadores. No les mandó un rayo a los enemigos. Les dijo: miren cómo bendigo al que ustedes quisieron perjudicar. Esa es la venganza de Dios. Que a vos te vaya bien. Que te levantes. Que sigas. Que prosperes. Eso le duele más al que te quiso ver mal que cualquier cosa que vos pudieras hacer.

— Pastor, pero es que ese me estafó un millón.

— Bueno, oremos para que Dios te bendiga con cinco.

— Sí, sí, amén, pero ese todavía tiene mi uno.

¿Ves? Dios ya te dio cinco y vos seguís con la cabeza puesta en el uno que perdiste. ¿Cuándo vas a disfrutar el banquete?

Y esto conecta con todo lo que estuvimos viendo esta semana. Soltar no es solo soltar el dolor. A veces es soltar también el rencor. La cuenta pendiente. El derecho a que alguien pague lo que te hizo. Porque mientras estés mirando para atrás contando lo que te deben, no podés mirar para adelante y ver lo que Dios ya está poniendo frente a vos.

"No tomen venganza, queridos hermanos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor."

Romanos 12:19 · NVI

Yo conozco una familia, gente de bien, que pasó por una situación horrible con unos socios en un negocio. Los dejaron en cero, literalmente. Y durante años, cada vez que les iba bien en algo nuevo, lo primero que decían era: sí, pero fulano todavía tiene lo nuestro. Sí, pero fulano nunca pagó. Un día el papá de familia me dijo: pastor, me di cuenta de que le estaba dando a esa gente la llave de mi cabeza. Cada mañana me levantaba y lo primero que pensaba era en ellos. Y ellos ni sabían. Él tomó la decisión de soltarlo, no porque no importara, sino porque entendió que Dios ya estaba escribiendo algo nuevo y él no lo estaba leyendo porque tenía los ojos en el capítulo viejo.

II Versículo

"Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con aceite mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar."

Salmos 23:5 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy la pregunta es concreta: ¿a quién o qué le estás dando la llave de tu cabeza cada mañana? ¿Qué uno perdido te está impidiendo ver los diez que Dios ya puso delante de vos? Mía es la venganza, dice el Señor. No tuya. Y eso no es resignación, es liberación. Dejale esa carga a él y vos quedate liviano. Quedate con el banquete. Que el enemigo te vea prosperar, esa es la mejor respuesta que podés dar.

No todo lo que perdiste merece el costo de lo que te está costando seguir cargándolo. Dios ya preparó una mesa. Ya hay algo nuevo por delante. Soltá el uno, sentate, y comé. Él tiene la cuenta de lo demás.

Emilio
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