Levantate del suelo y volvé a Dios
Siete días sin comer. Sin bañarse. Tirado en el piso. Y de repente, David se entera de que el niño murió. Sus siervos temían decírselo. Pensaban: si así estaba cuando el niño vivía, ¿qué va a pasar ahora? Pero lo que pasó los dejó a todos sin palabras. David se levantó, se lavó, se cambió la ropa, y fue a adorar a Dios. No a quejarse. No a reclamar. A adorar.
Eso es lo que más me impactó de esta historia cuando la leí de nuevo. El texto dice en Segunda Samuel 12:20: "Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró."
No dice que dejó de sentir dolor. No dice que olvidó al niño. No dice que todo le pareció bien. Dice simplemente: se levantó.
Y acá está algo que yo creo que cambia la manera en que entendemos la fe. Hay momentos en que la fe consiste en seguir orando por algo que todavía puede cambiar. Pero hay otros momentos en que la fe consiste en levantarse y adorar a Dios aunque no pasó lo que vos querías. Eso también es fe. Continuar viviendo. Continuar avanzando. No para de orar, dicen de alguien con fe, gran admiración. Sí, amén. Pero hay también otro nivel: tiene fe porque aunque no le salió como quería, igual se levantó y siguió.
Yo veo personas en consejería que han sufrido cosas que yo no podría describir. Y están de pie. Adorando. Sin entender todo. Sin tener todas las respuestas. Y me desafían más ellas que cualquier libro de teología que pueda leer.
David fue a adorar al mismo Dios que no le cambió el desenlace. No se enojó con Dios, no se alejó, no dijo "ya no voy más al templo, es todo mentira". Fue. Y eso habla de un corazón que entendió algo profundo: Dios es bueno no porque hizo exactamente lo que yo le pedí, sino porque él es Dios aunque yo no entienda lo que hizo.
"Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!»."
Job 1:21 · NVI"porque siete veces podrá caer el justo, pero otras tantas se levantará; los malvados, en cambio, se hundirán en la desgracia."
Proverbios 24:16 · NVIJob lo dijo después de perderlo todo, y no exagero cuando digo todo: los hijos, la salud, las posesiones. Job 1:21: "Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito." Escuchá bien esa secuencia. No dice "Jehová dio, y bueno, qué se le va a hacer, supongo que Jehová también quitó". Dice bendito. Bendito en el dar y bendito en el quitar. Otro nivel, sí. Pero no es un nivel reservado para los superhéroes espirituales. Es el nivel al que Dios nos llama a todos, y al que llegamos de a poco, de rodillas, con mucho proceso. La fe madura no consiste en comprenderlo todo. Consiste en saber a quién acudir cuando no podemos comprender.
"Entonces David se levantó del suelo y enseguida se bañó y se perfumó; luego se cambió de ropas y fue a la casa del Señor para adorar. Después regresó al palacio, pidió que le sirvieran alimentos y comió."
2 Samuel 12:20 · NVIHoy te hago una sola pregunta, y es la más importante de la semana: ¿de dónde necesitás comenzar a levantarte? No te digo que lo hagas de golpe. No te digo que niegues el dolor. Te digo que tomes la decisión de que lo que ocurrió no va a tener la última palabra sobre lo que viene. Levantarse empieza con un gesto pequeño. Lavarse la cara. Cambiar la ropa. Volver a Dios aunque todavía duela. Como David. Eso no es debilidad disfrazada de espiritualidad. Eso es fe de verdad.
Proverbios dice que el justo cae siete veces y vuelve a levantarse. No por quién es él, sino por quién tiene él. Vos también podés levantarte. No porque seas fuerte, sino porque él lo es. Y ese es el Dios al que podés volver hoy, aunque no entiendas todo lo que pasó.
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