Mientras haya algo que hacer, hacelo
Son las cinco de la mañana y hay algo que te está pesando. No sé qué es exactamente, pero lo traés. Una situación que todavía no se resolvió, algo que seguís esperando que cambie, algo por lo que ya oraste más veces de las que podés contar. Y la pregunta que nadie te hace en voz alta, pero que vos te hacés solo, es esta: ¿hasta cuándo sigo insistiendo?
Esta semana nos encontramos con una de las historias más duras de la Biblia. David, después de todo lo que hizo con Betsabé y con Urías, enfrenta las consecuencias. El profeta Natán le dice: tu hijo va a morir. Y ahí David hace algo que nos dice todo sobre cómo funciona la fe cuando las cosas se ponen serias.
Siete días. Siete días tirado en el piso, sin comer, sin bañarse, clamando a Dios por ese bebé. Sus siervos no sabían cómo decirle que el niño había muerto porque si así estaba cuando el niño vivía, ¿cómo iba a quedar cuando se enterara?
Y acá está lo que me importa de esta parte de la historia. David no se resignó antes de tiempo. Mientras el niño vivía, mientras había una posibilidad, él oró, ayunó, rogó. Porque sabía algo que nosotros a veces olvidamos: Dios es soberano, sí, pero también es misericordioso. Y eso le daba razón para pedir.
La fe bíblica nunca es pasiva, hermano. Lucas 18:1 dice que es necesario orar siempre y no desmayar. No desmayar. O sea, la instrucción parte de que vas a tener ganas de desmayar. La persistencia no es para cuando es fácil, es para cuando no lo es.
Ahora, ojo con confundir fe activa con fe mágica. Si le pedís a Dios trabajo y te quedás en casa esperando que suene el teléfono, eso no es fe, eso es comodidad con versículo. La fe activa sale bien peinada, con el currículum en la mano, a tocar puertas. Dios puede hacer cualquier cosa, claro que sí. Pero vos también tenés que dar tu parte.
"Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse."
Lucas 18:1 · NVIMe contaron de una mujer que estuvo tres años orando por la restauración de su matrimonio. Tres años. La gente a su alrededor le decía que lo soltara, que ya estaba, que siguiera su vida. Pero ella seguía. No porque fuera necia, sino porque todavía había una puerta abierta, todavía había conversación, todavía había algo que hacer. Y mientras había algo que hacer, lo hacía. Buscó consejería, habló, esperó, oró. No todas las historias terminan como uno quiere, y eso lo vamos a hablar estos días. Pero lo que ella hizo bien fue no resignarse antes de tiempo. Mientras el niño vivía, David clamaba. Mientras hay algo por lo que luchar, se lucha.
"David se puso a rogar a Dios por él; ayunaba y pasaba las noches tirado en el suelo."
2 Samuel 12:16 · NVI¿Por qué cosa todavía hay algo que hacer y no lo estás haciendo? No te hablo de lo que ya está cerrado. Te hablo de lo que todavía está abierto. El matrimonio que todavía respira. La relación con ese hijo que todavía existe. La situación económica donde todavía hay una puerta sin tocar. Hoy, antes de salir de este momento con Dios, nombrá eso. Decilo en voz alta si podés. Y después preguntate: ¿qué es lo que está en mi mano hacer hoy? No mañana. Hoy. Porque mientras hay algo que hacer, lo hacemos. Con fe, con acción, y sin resignarnos antes de tiempo.
No todo lo que todavía está vivo merece que te rindas. Hay situaciones abiertas que Dios espera que vos peles con todo lo que tenés. La fe que mueve montañas no es la que cruza los brazos, es la que ora y actúa al mismo tiempo. Mientras hay algo que hacer, hermano, hacelo.
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