Día 3
Día 3 de 7 24 de junio

La verdad que te molesta es la que te libera

Hay una conversación en Juan 8 que podría haber pasado hoy mismo, en cualquier red social, en cualquier debate sobre religión y libertad. Jesús les dice a los judíos que si permanecen en su palabra van a conocer la verdad, y la verdad los va a hacer libres. Y ellos le responden — y esto es lo que me impresiona — con orgullo: «Nosotros somos linaje de Abraham. Jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo decís que seremos libres?» Creían que eran libres porque no tenían amos de carne y hueso. Y Jesús les dijo algo que no querían escuchar: «Todo el que hace pecado, esclavo es del pecado.»

Eso no cambió. La sociedad de hoy cree que es libre porque puede hacer lo que quiere. Que la libertad es no tener límites, no sujetarse a nadie, no responder ante nadie. Y mientras tanto vive encadenada a vicios, a promiscuidades, a relaciones rotas, a depresiones, a resentimientos que no puede soltar. Eso no es libertad. Es la esclavitud más cara que existe, porque la pagás con tu vida entera.

Y después viene alguien que dice: «Si te metés en una iglesia, te van a coartar, te van a limitar, no vas a poder disfrutar la vida.» Bueno. Eso que llaman «disfrutar la vida» — pecar como querés, andar de manera libertina — tiene costos que no te muestran en el folleto. Los costos los pagás solo, de noche, cuando nadie te está mirando.

Escuchame bien. Mi libertad no es tener tres mujeres aparte de mi esposa. Mi libertad es gozarme en la mujer de mi juventud y disfrutar de su compañía. Mi alegría no es irme a una discoteca hasta las 6 de la mañana para tener una resaca al día siguiente. Mi alegría es estar en mi hogar con mis hijos disfrutando un tiempo de familia. Eso no es esclavitud. Eso es lo que el pecado no te puede dar nunca, por más que lo prometa.

Y acá viene algo que me parece clave para la familia: vivir en desobediencia a Dios es vivir según tus propios estándares. Y los estándares humanos van cambiando, se van acomodando, evolucionan según lo que conviene. La palabra de Dios no. No porque sea rígida. Sino porque Dios ya sabe todo — no tiene nada que descubrir, no necesita hacer enmiendas. Lo que dice es verdad, y la verdad no te puede llevar a la esclavitud. Nunca. La verdad te libera. Siempre.

"―Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado —afirmó Jesús—."

Juan 8:34 · NVI

Pienso en cuánta gente — sin ser cristiana, sin que nadie le dijera nada — en algún momento de su vida no pudo más con el peso de lo que hizo o de cómo vivió. Y fue. Confesó. Rompió el silencio. Hay casos de personas que después de veinte años fueron a decir dónde estaba enterrado un cuerpo, sabiendo que iban presos. ¿Por qué? Porque el cuerpo se seca por dentro cuando vivís en mentira. Como decía David: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.» La verdad duele cuando sale. Pero lo que duele más es tenerla adentro y no soltarla. La confesión, el perdón, la honestidad — eso que el mundo llama debilidad — es lo único que de verdad libera.

II Versículo

"Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: ―Si se mantienen fieles a mis palabras, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres."

Juan 8:31–32 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy te propongo algo concreto y un poco incómodo. Identificá un área de tu vida familiar donde estés viviendo según tus propios criterios en lugar de los de Dios. No tiene que ser algo enorme. Puede ser la forma en que respondés cuando te contradicen. Puede ser la distancia que pusiste. Puede ser algo que dijiste que nunca reconociste. Nombralo. Y después preguntate: ¿estoy eligiendo esto porque me da libertad real, o porque me da la ilusión de control? La verdad que te molesta es generalmente la que más necesitás.

Obedecer a Dios no es perder tu libertad. Es encontrarla. Porque la única libertad real es vivir en la verdad, y la verdad tiene nombre: Jesús. Todo lo demás es promesa vacía con factura alta.

Emilio
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