Lavá los cubiertos. Es parte del ministerio.
Un lunes de noche. Tu esposa llega cansada, te dice que hay una hora de cubiertos sucios esperándote en la pileta, y te mira. En ese momento tenés dos opciones: el orgullo o el delantal. Una de las dos te va a costar algo. La otra te va a costar algo igual, pero con gozo al final.
Esta semana estuvimos hablando del diseño de Dios para la familia. Roles, sujeción, honra, amor sacrificial. Todo muy lindo en el papel. Pero acá viene la pregunta incómoda: ¿cómo se ve eso un lunes a las 9 de la noche cuando estás cansado vos también?
Efesios 5:21 dice que nos sujetemos unos a otros en el temor de Dios. No dice «sujetate cuando tenés ganas». No dice «sujetate cuando el otro se lo merece». Dice sujetate. Punto. En el temor de Dios, que es otro modo de decir: porque Dios te está mirando y vos querés obedecerle.
El liderazgo del hombre en su hogar, como dice la Escritura, no es un título nobiliario. Es un mandato de servicio. Si Cristo amó a la iglesia dándose a sí mismo — no dando órdenes, dándose a sí mismo — entonces el modelo del marido cristiano es el de alguien que pone a la familia primero. No cuando le conviene. Siempre.
Ahora bien, ¿y si el otro no lo hace? ¿Y si vos llenás el lavavajillas, cocinás el sábado, ponés las patas a la hora de dormir a los chicos, y tu pareja no da ni las gracias? — Mira, entiendo la pregunta. Pero ojo, la Biblia no dice «amá a tu esposa si ella te lo reconoce». Dice amala como Cristo amó a la iglesia. ¿Y la iglesia le dio siempre las gracias a Cristo? ¿Le aplaudieron cuando entró a Jerusalén y después crucificaron? Sí. Así es. Y él amó igual.
Eso no quiere decir que tenés que aguantar cualquier cosa en silencio. Hay conversaciones necesarias, hay límites sanos, hay momentos de hablar con claridad. Pero el motor del servicio no puede depender del reconocimiento del otro. Si depende de eso, no es servicio. Es negocio.
"Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo."
Efesios 5:21 · NVIUna vez le llegó a un pastor un hombre de la iglesia, ya con cara de mártir, diciéndole que él hacía todo en la casa — trabajaba, cocinaba los fines de semana, llevaba a los chicos al colegio — y que su esposa no le decía ni gracias. Le preguntó el pastor: «¿Y vos por qué lo hacés? ¿Para que te lo reconozcan o porque amás a tu familia?» Silencio. Largo. Después el hombre dijo: «Había sido que lo hacía para que me lo reconocieran.» Ahí nomás estaba el problema, no en la esposa. En el motivo.
"Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella"
Efesios 5:25 · NVIHoy, sin esperar que el otro lo pida primero, hacé algo concreto por tu familia. No grande, no épico. Un cubierto lavado, una cama tendida, un «¿necesitás algo?» dicho de verdad. No para que te lo agradezcan. Porque Dios te ve y eso te alcanza. Si sos mujer y tu marido necesita que le hables con respeto aunque estés cansada, hacelo. Si sos hijo y tus viejos necesitan que aparezcas sin que te llamen, aparecé. El servicio concreto es la sujeción que salió del papel y se puso el delantal.
El ministerio más difícil no está en el escenario. Está en tu casa, a las 9 de la noche, con los cubiertos sucios. Ahí se ve quién sos de verdad. Y Dios lo mira.
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