Tu familia no es un accidente: es un diseño
Empezó en el cielo. Eso es lo primero que tenés que saber antes de hablar de cualquier problema que haya en tu casa. El matrimonio, la familia, los roles, la honra — todo eso no lo inventó una cultura, no lo impuso una religión. Lo diseñó Dios. Y lo diseñó en un contexto de pureza total, sin celos, sin orgullo, sin egoísmo. El problema es que nosotros lo vivimos acá abajo, en la tierra, con toda la mugre del pecado encima. Y ahí está la dificultad real.
Esta semana vamos a meternos en algo que a mucha gente le resulta incómodo: los roles en la familia. La sujeción. La honra. Palabras que el mundo de hoy odia, palabras que suenan a sometimiento, a injusticia, a antigüedad. Pero antes de reaccionar, pará un momento.
El que no aprendió a obedecer no tiene derecho de mandar.
Efesios 5:21 no empieza diciéndole a la mujer que se sujete al marido. Empieza diciéndole a todos — todos — que se sujeten unos a otros en el temor de Dios. Eso cambia todo el marco de lectura. No es una cadena de dominio. Es una red de servicio mutuo bajo la autoridad de Dios.
Ahora, ¿por qué Dios pone roles si todos tenemos el mismo valor? Pensá en esto: el presidente de tu país tiene una autoridad que vos no tenés, pero no por eso él vale más que vos. Un policía de tránsito puede pararte en la calle aunque no tenga tu educación ni tu plata — y tenés que obedecerle, porque representa un orden. Las sociedades humanas funcionan bajo liderazgo. No como opresión. Como estructura necesaria. ¿Por qué necesaria? Porque el pecado trae desorden, y Dios establece orden para que la vida sea posible.
El diseño de Dios para la familia es claro: sujeción mutua de todos, la mujer que se sujeta a su marido, el marido que ama a su mujer con amor sacrificial — al punto de dar la vida —, los hijos que honran a sus padres, y los padres que no exasperan a sus hijos sino que los crían con disciplina y amor. Cada uno tiene una dirección. Ninguno queda afuera. Ninguno queda por encima del otro en valor, pero cada uno tiene una función.
"Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios."
Éxodo 20:12 · NVIHay un cartel que recuerdo de cuando estuve en el ejército — no sé si todavía lo ponen, pero lo vi en la cuadra donde dormían los soldados. Decía: «El que no aprendió a obedecer no tiene derecho de mandar.» Un principio militar. Pero es bíblico también, aunque no lo citen así. Jesús mismo — que es Dios — se sujetó al Padre. No hacía nada que el Padre no le dijera. Su comida y su bebida era hacer la voluntad de Dios. Él fue el primero en sujetarse. Si el Hijo eterno de Dios pudo hacer eso sin perder su identidad ni su dignidad, ¿por qué nosotros lo vivimos como una amenaza?
"Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo."
Efesios 5:21 · NVIHoy no te pido que resuelvas nada grande. Te pido algo más difícil: que te sentés con esta pregunta sin salir corriendo. ¿En tu familia, quién se está sujetando a quién? No en teoría. En la práctica de ayer, de esta semana. ¿Estás ejerciendo autoridad como servicio o como dominio? ¿Estás resistiendo el rol que Dios te dio porque te parece injusto? Anotalo. Nombralo. No para condenarte, sino para empezar desde la honestidad. Porque desde ahí, y solo desde ahí, Dios puede construir algo.
El matrimonio y la familia empezaron en el cielo, en pureza. Los vivimos en la tierra, con todo nuestro peso encima. Pero el diseño sigue siendo el mismo. Y Dios no abandonó el plano solo porque el material es imperfecto.
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