Día 2
Día 2 de 7 23 de junio

Sujetate a alguien justo: eso no es esclavitud

Te voy a decir algo que capaz te sorprende. La palabra «sujeción» no es una palabra religiosa rara. Es una palabra que usás todo el tiempo sin darte cuenta. Cuando frenás en un semáforo en rojo, te sujetás a una norma. Cuando pagás impuestos — aunque no quieras —, te sujetás a una autoridad. Cuando seguís las instrucciones del médico, te sujetás a alguien que sabe más que vos en ese tema. La sujeción no es el problema. El problema es a quién te sujetás y con qué espíritu.

El mundo de hoy tiene una alergia particular a la sujeción dentro de la familia. Y lo entiendo — porque ha habido muchísimo abuso detrás de esa palabra. Hombres que usaron «la Biblia dice que la mujer se sujete» para maltratar, para dominar, para silenciar. Eso no es lo que dice la Biblia. Eso es el pecado disfrazado de teología.

Dice la palabra de Dios en Efesios 5:25 que el marido tiene que amar a su mujer como Cristo amó a la iglesia. ¿Y cómo amó Cristo a la iglesia? Dando su vida. O sea, el estándar que Dios le pone al hombre no es «mandá». Es «morite por ella si hace falta». Eso es liderazgo sacrificial. ¿Qué mujer sensata no va a querer sujetarse a un hombre así? Un hombre presente, fiel, sincero, amoroso, servicial, dispuesto a dar todo por su familia — ese hombre no necesita imponer nada. La autoridad que viene del servicio no necesita ser reclamada a los gritos.

Y al revés: ¿qué pasa cuando el hombre no es así? Ahí está el problema real. No en el mandato de Dios. En la desobediencia del hombre al mandato de Dios. Porque Dios no le pide a la mujer que se sujete a un golpeador, a un déspota, a un ausente emocional. Le pide que se sujete a un hombre cuya cabeza es Cristo. Si el hombre no tiene a Cristo como cabeza, el sistema no funciona. No porque el diseño sea malo. Porque el material está fuera de lugar.

Lo mismo con los hijos. Honrar a los padres no es obedecer ciegamente a cualquier cosa que digan. Es reconocer que, en general, nadie en el mundo te conoce más, te ama más, ni desea más tu bien que tu papá y tu mamá. Y si encima son personas que temen a Dios, no obedecerles sería una decisión torpe. Clarito.

"Lo sé porque estoy bajo la autoridad de mis oficiales superiores y tengo autoridad sobre mis soldados. Solo tengo que decir: “Vayan”, y ellos van, o: “Vengan”, y ellos vienen. Y si les digo a mis esclavos: “Hagan esto”, lo hacen. Al oírlo, Jesús quedó asombrado. Se dirigió a los que lo seguían y dijo: «Les digo la verdad, ¡no he visto una fe como esta en todo Israel!"

Mateo 8:9–10 · NTV

Hay un episodio en los evangelios que me parece uno de los más reveladores. Un centurión — un militar romano, pagano, con autoridad real sobre cien soldados — se acerca a Jesús y le dice: «Di la palabra y mi siervo sanará.» Y explica por qué cree que eso va a funcionar: «Yo también soy hombre sujeto a autoridad.» ¿Entendés lo que está diciendo? Él entendía de cadenas de mando. Sabía que cuando alguien con autoridad real ordena algo, se cumple. Y vio en Jesús a alguien que no andaba por su cuenta — que tenía autoridad porque estaba bajo autoridad. Eso lo impresionó tanto que Jesús dijo que no había encontrado tanta fe en todo Israel. La sujeción de ese hombre a su cadena de mando le dio los ojos para ver la autoridad de Cristo.

II Versículo

"Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella"

Efesios 5:25 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy la pregunta práctica es esta: ¿estás ejerciendo el rol que Dios te dio, o lo estás evitando? Si sos varón: ¿estás amando a tu familia con sacrificio real, o solo reclamando autoridad cuando te conviene? Si sos mujer: ¿la resistencia que sentís viene de que tu marido no es digno de confianza, o viene de tu propio orgullo? Nombralo sin excusas. Somos muy hábiles para excusarnos bíblicamente cuando en el fondo lo que hay es egoísmo. Yo también. No te hablo desde afuera de esto.

Sujetarse a alguien justo no es perder. Es inteligencia espiritual. El problema nunca fue el diseño de Dios. El problema somos nosotros cuando lo aplicamos con nuestro pecado en lugar de con su gracia.

Emilio
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