Perdoná, pero no fomentés la injusticia
Alguien te va a decir esta semana, o ya te lo dijeron, que si sos cristiano tenés que perdonar y dejar las cosas así. Que el amor todo lo soporta. Que hay que poner la otra mejilla. Y lo van a usar para que no hagas nada, para que no hables, para que sigas tolerando algo que no deberías tolerar. Bueno, hoy quiero hablar de eso.
Pedro le preguntó a Jesús cuántas veces tenía que perdonar. Y ya se respondió solo: hasta siete. El doble de lo que exigían los rabinos. Se creía generoso. Y Jesús le dijo: no siete, sino setenta veces siete. Cuatrocientas noventa veces.
Ahora, ¿qué significa eso? ¿Que si alguien te hace daño cuatrocientas noventa veces lo seguís recibiendo en tu casa? No. Jesús usó una hipérbole, una exageración para demostrar algo. No te está dando un número exacto a partir del cual ya podés dejar de perdonar. Te está hablando de un estilo de vida. El cristiano perdona. Eso es parte de lo que somos.
Pero perdonar no es lo mismo que convivir con la maldad. Dice la Palabra que tenemos que perdonar como Dios nos perdonó en Cristo. ¿Y cómo perdonó Dios? Con gracia. Pero también con justicia. Dios no se reconcilia con el que no se arrepiente.
El perdón es lo que pasa en tu corazón. Es soltar. Es no cargar amargura. Es no desearle el mal. Es liberarte vos. Pero la reconciliación, la restauración de la relación, eso requiere dos. Requiere arrepentimiento real del otro lado.
Hay gente que te debe plata. La perdonás, soltar eso de tu corazón está bien, pero eso no significa que no te la tenga que devolver. Te perdoné, dice la Biblia, pero la justicia sigue en pie. Hay gente que te difamó públicamente. La perdonás, pero la reparación pública también es justa. Hay relaciones donde hay maltrato sistemático. Podés perdonar y al mismo tiempo decir: hasta acá llegamos. Eso no es falta de fe. Es madurez.
La falta de justicia trae impunidad. Y la impunidad trae desorden. Por eso el Señor en la iglesia pide disciplina. La disciplina es un acto de amor, no de venganza.
"―No te digo que hasta siete veces —le contestó Jesús—, sino hasta setenta veces siete."
Mateo 18:22 · NVIHubo un caso de un hombre que fue infiel repetidamente. Su esposa, una mujer excelente, le dio oportunidades. Muchas. En algún momento ella dijo: basta. Se fue. Y meses después apareció otra vez, diferente. Encontró a alguien que la dignificó, que la trató bien, que la vio. Y el tipo fue a pedir que lo casaran de vuelta, con otra persona. Y la respuesta fue no. Porque el causal de divorcio había sido su propio pecado, no el de ella. No es crueldad. Es consecuencia. Bancate las que te duela, como le decimos a los hijos. La madurez es asumir las consecuencias de las propias decisiones.
"Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo."
Efesios 4:32 · NVIHoy es un buen día para separar dos cosas que solemos mezclar: el perdón y la reconciliación. El perdón lo decidís vos, solo, delante de Dios. La reconciliación requiere al otro. Preguntate esta mañana: ¿hay algo que estoy tolerando bajo el nombre de perdón que en realidad es miedo, o comodidad, o evitar el conflicto? Perdonar está bien. Pero también está bien poner un límite. Las dos cosas pueden coexistir.
El perdón te libera a vos. La justicia protege a los demás. No son enemigos. Se complementan. Dios es las dos cosas al mismo tiempo, y nosotros podemos aprender a serlo también.
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1 comentario
Excelente aclaración!!! De ambos puntos
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