Día 5
Día 5 de 7 31 de julio

Soltá el veneno antes de que te mate

El rencor es como un veneno que uno toma esperando que el otro muera. Lo escuché hace años y me quedó grabado acá adentro. Porque es exactamente así. Vos tomás el veneno. Vos te la pasás repasando la escena. Vos practicás la conversación que nunca va a pasar. Y el otro está por ahí, viviendo su vida, comiendo medialunas, durmiendo ocho horas. Y vos con el vaso en la mano.

Esta semana estuvimos hablando del proceso que Jesús dio en Mateo 18. Pasos concretos, claros, para resolver un conflicto sin chisme, sin indirectas, sin años de incomodidad mirándote de reojo. Y en algún punto de esa conversación, casi siempre aparece la misma pregunta que nadie dice en voz alta: ¿y si no se resuelve? ¿Y si hago todo bien y el otro no se arrepiente? ¿Y si hablo, confronto, llevo testigos, y nada?

Bueno, acá está la parte que más me costó entender a mí. El perdón no depende de que el otro se arrepienta. El perdón es una decisión que tomás vos, en tu corazón, independientemente de lo que haga la otra persona. Y la razón no es solo psicológica, no es solo para que te sientas mejor, aunque eso también pasa. La razón es teológica: Dios te manda a perdonar.

Efesios 4:32 dice que tenemos que perdonarnos unos a otros como Dios nos perdonó en Cristo. No dice 'si se arrepiente el otro, perdonalo'. Dice perdoná. Como Dios te perdonó a vos. Y Dios te perdonó antes de que vos movieras un dedo. Antes de que vos pidieras perdón. Antes de que vos cambiarias. Ahí está la diferencia entre el perdón humano y lo que el Señor pide.

Ahora, perdonar no es hacer como que nada pasó. No es minimizar el daño. No es decir 'no importa' cuando sí importa. Es soltar. Es decir: no voy a cargar esto más. No voy a dejar que esto envenene mi corazón, mi familia, mis relaciones. No voy a construir mi día alrededor del enojo que siento por lo que fulano me hizo.

Y la reconciliación, eso ya es otra historia. Para reconciliarte necesitás dos. Necesitás arrepentimiento del otro lado. El mismo Dios, escuchen esto bien, el mismo Dios no se reconcilia con el que no se arrepiente. O sea que si Dios mismo no restablece la relación con alguien que persiste en su error, ¿por qué vos tendrías que obligarte a eso? El perdón es tuyo. La reconciliación es de los dos.

La otra vez me escribió alguien en las redes, puntualísimo, con nombre y todo, que yo robaba dinero de la iglesia. Yo puse un versículo, puse 'bendigan a Jehová en todo tiempo', y me salió este hombre con una sarta de barbaridades. Amanecí con viento norte ese día, así que entré al perfil, vi quién era. Resulta que trabajaba en un ministerio público donde un hermano de la iglesia es director. Le llamé al hermano y le dije, sin darle detalles, que me pasara los datos del tipo. Me pasó todo: nombre completo, casado, tres hijos, doce años funcionario en tal dirección. Le escribí al señor diciéndole que el lunes siguiente iba a estar en su oficina con una escribana frente a su jefe, que es mi amigo personal, a repetirle en la cara todo lo que me había escrito. Me respondió en privado con una carta excelentísima pidiendo perdón. Le acepté el perdón. Le bloqueé. No fui nunca. Pero una semana difícil habrá pasado. Y sabés qué me quedó claro de todo eso: yo le perdoné de verdad. No porque fuera un santo, sino porque no quiero vivir con eso en el pecho. El daño que él se hizo a sí mismo ya no es mi problema.

II Versículo

"Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo."

Efesios 4:32 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Esta mañana, antes de arrancar el día, pensá en una persona que te debe algo: una disculpa, una explicación, un reconocimiento. Y tomá la decisión, en tu corazón, de soltar eso. No es una conversación que tenés que tener con esa persona ahora mismo. Es una conversación que tenés con Dios. Le decís: Señor, yo elijo perdonar a fulano. No porque lo merezca. Sino porque vos me perdonaste lo que yo tampoco merecía. Eso no significa que vayas a permitir que te sigan dañando. Significa que no vas a ser prisionero de lo que alguien te hizo.

El perdón te libera a vos, no al otro. Y a veces el otro ni se entera de que lo perdonaste. Pero vos sí te enterás, porque de golpe el pecho pesa menos. Soltá el vaso. Ya tomaste suficiente veneno.

Emilio
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