Apagá el Wi-Fi. En serio, apagalo.
Mi médico me dijo esta semana algo que me cayó un poco pesado porque era obvio y yo nunca lo había hecho: «No tengas el teléfono cargando en la mesita de luz. Las ondas alteran el sistema nervioso». Y yo pensé: claro, claro. Muy bien, doctor. Y esa misma noche lo puse a cargar en la mesita de luz igual. O sea, me conozco.
Bueno, seamos honestos un ratito acá. Nosotros sabemos que el teléfono nos hace mal. No es una teoría conspirativa, lo sentimos en el cuerpo. Te vas a hacer un masaje y el profesional te toca el cuello y dice: pero acá tenés un empedrado. Y vos pensabas que estabas bien. Doce horas de pantalla al día, dormimos y nos despertamos con el teléfono encima. Y encima lo cargamos en la mesita de luz, el Wi-Fi prendido toda la noche. Gente, esto no es normal. No está bien.
Leí que en los países nórdicos está de moda vender teléfonos tontos, los que solo sirven para llamar y mandar texto. Los llaman «dumb phones» y se venden a millones. No porque la gente se volvió ludita, sino porque el sentido común llegó antes que la teoría. A mí me está convenciendo, no porque lo leí, sino porque necesito sobrevivir.
Ahora, hay algo que me pasó esta semana y se los cuento porque me parece que a varios les va a cerrar. Un amigo de toda la vida, años de amistad, me mandó un mensaje y me dijo: oficialmente estoy enojado con vos. Así, oficial. Porque no le atendí el teléfono. Y yo entiendo, entiendo su enojo, pero también le dije: mirá, esta mañana ya recibí sesenta mensajes antes de las nueve. Uno es del hermano fulano que sé que es su día de descanso pero y me escribe igual. Otro del que está en el velatorio. Otro del que se enfermó. Otro del que tiene una reunión urgente. Y a todos les importa que vos estés disponible ahora, en este momento, para ellos. Y si sos pastor, multiplicalo por cuatrocientos cincuenta obreros. Hacé el cálculo. Si atiendo uno por día, en año y medio le vuelvo a atender por segunda vez. No es broma. Es matemática.
El punto no es que vos o yo seamos irresponsables. El punto es que vivimos sin límites y después nos quejamos de estar agotados. Jesús tuvo un día en Juan 6 que fue de amanecer a anochecer, puro movimiento, pura gente, puras demandas. ¿Y qué hizo? Se fue a orar. No a dormir directo, no a ver qué había en el feed, se fue a orar. Y descansaba el sábado. Sábado: teléfono apagado, Wi-Fi desconectado. Si él lo hacía, ¿qué te hace pensar que vos sos la excepción?
Mi papá, que ya no está con nosotros, me dijo una vez orgulloso: yo tengo cuarenta años de casado. Y yo le dije: papá, con todo el respeto, vos salías a las seis de la mañana y volvías a las seis de la tarde. En doce horas no hablabas con mamá. Cuando viajabas a Buenos Aires, que te encantaba ir, llamabas una vez el miércoles para ver cómo estaba todo. Una vez. Y llegabas el sábado. Él me miró y me dijo: nunca pensé en eso. Y digo yo: fue muy bendecido ahí. Porque hoy yo me voy al almacén y ya le mandé cuatro mensajes a mi esposa coordinando, peleando, riéndonos, y estamos conectados todo el tiempo. Que tiene cosas buenas, sí. Pero también tiene la presión de estar siempre disponible para todos, todo el tiempo, sin parar. Y eso, hermano, no lo aguanta nadie.
"Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! Que todo el mundo vea que son considerados en todo lo que hacen. Recuerden que el Señor vuelve pronto. No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho."
Filipenses 4:4–6 · NTVUna sola cosa práctica para hoy: esta noche, el teléfono no duerme en tu cuarto. Lo cargás en el baño, en la cocina, donde sea. Y si podés, apagá el Wi-Fi antes de acostarte. Nadie te va a necesitar de medianoche a las seis de la mañana con urgencia real. Y si hay una emergencia verdadera, van a llamar por teléfono, no por WhatsApp. Probalo una noche. Solo una. Fijate cómo dormís. Fijate cómo amanecés. Nosotros hablamos mucho de disciplina espiritual, pero la disciplina espiritual también incluye darle descanso al sistema nervioso que Dios te dio.
No te estoy pidiendo que tires el teléfono al río. Te estoy pidiendo que lo pongas en su lugar. Vos sos el que manda ahí, no al revés. Jesús descansaba. Vos también podés. Y casi seguro que vas a necesitar hacerlo para poder orar, para poder agradecer, para poder estar presente con la gente que realmente amás.
Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, copyright © 2010 by Tyndale House Foundation. Used by permission of Tyndale House Publishers, a Division of Tyndale House Ministries, Carol Stream, Illinois 60188. All rights reserved.
Textos bíblicos provistos por API.Bible
Comentarios
Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tu comentario será revisado antes de publicarse.