Día 7
Día 7 de 7 5 de julio

La gratitud no es un sentimiento. Es una decisión que tomás antes.

Llegamos al domingo. Y si me seguiste esta semana, ya sabés de qué venimos hablando. Del teléfono a las cinco de la mañana. De la mente que no para. De la bendición que no vemos porque estamos mirando para el lado equivocado. De los límites que necesitamos y no nos damos. De la leña y el fuego. Todo eso fue esta semana. Y hoy quiero cerrar con algo que une todo.

Hay una pregunta que me hago seguido, y te la hago a vos también: ¿por qué tanta gente que dice creer en Dios vive sin gozo? No hablo de la gente de afuera. Hablo de los que estamos adentro, los que llegamos el domingo, los que leemos la Biblia, los que sabemos los versículos. ¿Por qué tanto desánimo, tanta queja, tanta amargura?

Y la respuesta que fui encontrando a lo largo de los años, desde la trinchera, no desde ningún pedestal, es esta: porque la gratitud dejó de ser una decisión y pasó a ser un estado de ánimo. O sea, estamos agradecidos cuando nos va bien. Cuando las cosas se acomodan. Cuando la semana fue buena. Y si no fue buena, la gratitud desaparece.

Pero el mandamiento no dice eso. Primera Tesalonicenses 5:18 dice en toda circunstancia. No en las buenas circunstancias. En toda. Eso incluye la semana que te partió al medio. Eso incluye el diagnóstico que no esperabas. Eso incluye la relación que no funciona como querés. En toda. Y dice que eso es la voluntad de Dios para vos. No una sugerencia, voluntad de Dios.

Ahora, ¿cómo se hace eso? ¿Cómo estás agradecido cuando todo duele? No te voy a mentir, no es fácil. Y no te voy a decir que lo sentís enseguida. Pero Pablo en Filipenses 4 da una hoja de ruta muy concreta: presentá tus peticiones delante de Dios con acción de gracias. Primero la gratitud, después la petición. No al revés. Y el resultado, dice él, es la paz que sobrepasa todo entendimiento. Una paz que no tiene explicación racional. Una paz que te custodia la mente cuando la mente quiere irse al peor escenario posible.

Eso no lo conseguís en ningún otro lado. No con terapia sola, no con el viaje, no con el dumb phone, no con apagar el Wi-Fi. Todo eso ayuda, ojo, lo dijimos esta semana. Pero la fuente es otra. La fuente es la comunión real con Dios. Diaria, concreta, sin poses.

Y acá me incluyo. Hay mañanas que me despierto y lo primero que me aparecen son los problemas del día. Los desafíos, los compromisos, lo que quedó pendiente. Y tengo que pelear contra mi propia mente para redirigirla. Jaculatorias, versículos, canto si hace falta. «El día que temo, en ti confío.» Lo que sea que me ancle. Porque si no disciplino ese pensamiento, el día arranca mal y todo lo que sigue va cuesta abajo. Y vos seguramente sabés exactamente de lo que estoy hablando.

"Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza."

Filipenses 4:8 · NTV

Mi mamá cuidó a mi papá diez años mientras él tenía problemas mentales. No es algo agradable de describir. Una persona adulta que ya no puede higienizarse solo, que ya no es quien era, que te necesita para todo. Noches sin dormir, dolor emocional encima del cansancio físico. Llegué una vez a lo de ella y la encontré bañándolo. Le pregunté algo, no sé, lo que uno pregunta cuando no sabe qué decir. Y ella me miró y me dijo: «Acá estoy, hijo, con el privilegio que Dios me dio de honrar el pacto. Hace cincuenta años me comprometí a cuidarle en la salud y en la enfermedad, y Dios me está dando el privilegio de cumplirlo.» Privilegio. Así lo llamó. No carga, no cruz, no prueba difícil. Privilegio. Y ahí entendí que la gratitud no depende de las circunstancias. Depende de cómo decidís mirar.

II Versículo

"den gracias a Dios en toda situación; porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús."

1 Tesalonicenses 5:18 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Esta semana hablamos de soltar lo que no te pertenece, de dirigir la mente en vez de apagarla, de ver las bendiciones que ya tenés, de ponerte límites reales con el teléfono, de convertir los pensamientos pesados en leña para el fuego. Todo eso es concreto, todo eso es hacible. Pero nada de eso funciona si no tiene raíz. Y la raíz es esta: la decisión de estar agradecido antes de que el día empiece, antes de saber cómo va a salir, antes de que las circunstancias te den permiso. Tomá esa decisión hoy. No porque te sentís bien. Porque Dios tiene el control, y eso es suficiente para cualquier día.

Una semana entera buscando la misma cosa: aprender a mirar bien lo que ya tenemos, a disciplinar lo que pensamos, a soltar lo que no podemos cargar. No llegamos, ninguno de nosotros llega del todo. Pero estamos en camino. Y el camino empieza acá, esta mañana, con un gracias que decís antes de saber cómo va a terminar el día.

Emilio
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